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. 14/12/2017

Introduccion.

 

Road Rage planteaba una idea interesante sobre el papel. Una ciudad sumida en el caos absoluto y liderada por bandas de motoristas que luchan contra el poder político y la opresión policial. De hecho, la introducción del juego nos relata esta misma situación, poniéndonos los dientes largos ante la idea de explorar una ciudad en decadencia, con las fuerzas de la ley a merced de las bandas callejeras, la población asustada en sus hogares, y calles dominadas por el terror de las motocicletas.

Sin embargo, lo que encontramos es un matiz radicalmente diferente, con una ciudad aparentemente normal en cuanto a uso y disfrute de los peatones, con una circulación realmente escasa debido más a cuestiones técnicas que argumentales, y con una jugabilidad anclada en tres generaciones atrás que hace aguas por todas partes.

 

Historia.

 

Tras una introducción tosca en esta historia de dominio de bandas callejeras, el juego nos lanza a la ciudad en nuestra moto, sin explicarnos quienes somos ni introducir los conceptos básicos de control del vehículo. Únicamente veremos un cronómetro en marcha en la zona superior y el mensaje de que debemos abatir a dos motoristas, así a las bravas y sin más indicaciones. Por ciencia infusa intuimos que debemos pulsar los gatillos para acelerar y frenar, y no tardaremos en descubrir que con los botones Cuadrado y Triangulo podemos golpear hacia izquierda o derecha con una barra de hierro.

Primer problema, el control de la moto es arcaico. Recuerda a aquellas viejas glorias de los años 80 en las que tomar una curva se volvía toda una odisea. No existe física ni tracción, y simplemente la moto parece de juguete, girando de una forma irreal y acelerada, lo cual tiene un proceso de adaptación sumamente agotador, pues a estas alturas de la vida no pensábamos volver a darnos de bruces con un control semejante.

Segundo problema, unas físicas absurdas y desquiciantes. Golpear a un rival con nuestra arma cuerpo a cuerpo puede provocar que el susodicho salga despedido hacia arriba como un cohete, de la misma forma que nosotros mismos podemos saltar varios metros al aire si nos impactan, aunque sea levemente. Los impactos contra otros elementos del escenario son igualmente espectaculares, rebotando contra paredes como si fuéramos de goma, o provocando explosiones con tan solo rozar briznas de césped o señales de tráfico, una locura. Podríamos seguir con decenas de sinsentidos más, pero esos dos problemas mencionados son la piedra angular sobre los que giran el resto de inconvenientes.

¿En qué consiste Road Rage? Supuestamente hay una trama de bandas callejeras que brilla por su ausencia, con lo que tendremos 42 misiones de historia lineales que se irán desbloqueando a medida que superemos prueba tras prueba. Encontraremos 56 misiones adicionales que son optativas y que, si somos masoquistas, nos encargaremos de cumplir también. Las misiones se basan en los clichés del género, desde carreras en las que buscaremos quedar en primera posición, batallas contrarreloj, eventos en los que se va eliminado el último corredor cada pocos segundos, o desafíos concretos de golpear a varios enemigos o vehículos en un tiempo determinado.

Todas estas pruebas son igualmente problemáticas por todos los errores de control y de físicas, pero con añadidos adicionales como por ejemplo las pruebas que nos exigen interactuar con varios vehículos, que se complican por el hecho de que apenas circulan vehículos por el mapeado, y se volverán difíciles de completar por algo tan tonto como que iremos prácticamente solos por la ciudad, un sinsentido tras otro.

El mapa está dividido en siete distritos, pero deberemos ir ganando el acceso libre a ellos según avancemos en la historia, ya que si entramos antes de tiempo la policía se encargará de echarnos de la zona. En cada distrito encontraremos un coleccionable, es decir, el juego cuenta con siete objetos coleccionables en total. Y esta es la única fuente de exploración que permite el juego, ya que el resto se centra en cumplir misiones una tras otra sin parar.

Según superemos niveles, obtendremos dinero para invertir en nuevos modelos de motos o en nuevas armas cuerpo a cuerpo. Empezamos con un bate de beisbol, pero podremos adquirir armas como katanas o motosierras, aunque en el fondo lo único a tener en cuenta será la longitud del arma, que es la única variable que se tiene en cuenta para determinar si un arma es mejor que otra.

Para complementar a esta diversión, el juego permite multijugador a pantalla partida de forma local, o bien lanzarnos al online y participar en carreras contra otros jugadores del mundo. Quizá sea una buena forma de intentar sacarle partido, ya que seguramente podamos echarnos nuestras risas con estos modos, y así complementar una campaña sosa, tediosa y monótona a rabiar.

 

Apartado Gráfico y sonoro.

 

Técnicamente no sabríamos como calificar Road Rage, pero lo que es cierto es que impacta lo sumamente desfasado que luce en comparación a prácticamente todo el resto del catálogo de la consola. Es uno de esos juegos que luce muchísimo mejor en capturas que en directo, y sin duda el mayor problema es el sistema de físicas totalmente ridículo que tiene, ya que con un sistema decente y realista de físicas podría haber tenido un pase. No tenemos mayor suerte en su apartado musical, con una banda sonora compuesta por apenas dos temas machacones y muy estridentes. Por lo menos llega con textos en español, algo es algo.

 

Conclusión.

 

En casos como en el de Road Rage, lo cierto es que cualquier analista acaba un poco de bajón. Nunca es satisfactorio echar tantas piedras sobre un título, y evidentemente nos gustaría que todos los juegos fueran mínimamente notables. Pero hay ocasiones en las que es irremediable dar un tirón de orejas a una desarrolladora, con la esperanza de que en un futuro consigan dar con la tecla en una nueva creación. Road Rage es un fracaso y una decepción en toda regla, hay pocos elementos que puedan llegar a engancharnos, y difícilmente podremos aguantar hasta el final de la aventura sin una buena dosis de sustancias psicotrópicas.

 

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Lo mejor


- Varias armas y motos para comprar.

- La idea en sí es atractiva.

Lo peor


- Un sistema de físicas absurdo.

- El control de la motocicleta hace aguas por todas partes.

- Tedioso y monótono.

- Audiovisualmente parece de varias generaciones atrás

Love Of Gamer

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